12 abr. 2006

A LA SELVA...


Comenzamos la ruta con Orlando (el guía) y el conductor del lanchón (este sin tejadillo). Primero bajamos los rápidos al pie de El Castillo hasta la caseta de los guardas. Nos enseñó en orilla derecha el sitio donde la orilla del río se convierte ya en frontera con Costa Rica. Costa Rica a partir de ahí tiene derecho a navegación civil y de mercancías por el río, pero pertenece a Nica según un tratado del siglo XIX. Hay actualmente un litigio en La Haya que puso Costa Rica porque quieren transportar militares y Nicaragua no se lo permite. Cedía Nicaragua si los militares ticos (Costarricenses) escondían las armas, pero ni modo, los ticos no quieren, y dicen que necesitan navegar por el río para abastecer las guarniciones de la orilla del río. Contaba el dueño del restaurante donde cenamos ayer que eso perjudicaba a los civiles, pues había habido un descenso grande de los ticos turistas en El Castillo.

Desde la caseta de los guardas, que tienen apoyo del ejército para control de furtivos (tienen casetas contactadas por radio por todo el perímetro de la reserva, y se veía el mapita con las zonificaciones de distintas zonas de protección, tampón, etc.). En ese momento no estaba el guarda, solo soldados. Iniciamos una ruta por un sendero circular donde Orlando nos va contando cosas sobre la zona, flora y fauna (captura una ranita roja que se ve en la foto, y otra verde, típico para turistas...). Habla de leyenda de una pirámide que aparecía a veces en una zona llamada Cerro del Diablo. Dicen que era de aztecas, que hicieron a lo largo de toda centroamérica a distancias constantes, y que por ahí tocaría una, pero debe estar medio tapada por la selva. No dejan entrar a nadie en la reserva, y ya no viven tampoco indios.

Flora y fauna, vaya espectáculo, hacía mucho que no sentía la sensación de "impotencia" de no conocer absolutamente ninguna planta allí por donde voy. En Nica esa sensación es aun peor, porque además se ven un montón de ellas distintas, y en este sitio..., la sensación se hace apabullante.

Probamos un anestésico que picaba y dejaba la lengua dormida, vimos cedro macho (de los más usados para hacer las barcas vaciando su tronco, un hermano de Orlando las hace), me dio una semilla germinada de almendro, o a lo que aquí llaman almendro, un peazo árbol inmenso. En la foto a la izquierda hay una planta caminadora, que va echando raíces aéreas hacia el lado donde está la luz y se le mueren y desprenden las del lado que no hay luz, de forma que realmente se mueve, y en la de abajo está la famosa liana asfixiadora...

Subimos luego por el río Bartola, límite oeste de la reserva (por ahí pasa gente que tiene ranchos arriba del río, y no se ven muchos caimanes, que no les gusta la presencia humana). Todo el tiempo oyéndose los monos congo o aulladores.

Cayó alguna llovizna de las típicas, todo está bastante mojado, y eso que es época seca (me hacía gracia que cada poco Orlando hablaba de lo seco que estaba todo, como será cuando esté húmedo...). Comentó que están intentado impulsar la creación de visitas guiadas nocturnas, con linternas, para ver a los bichos. Llegamos a oler el olor intenso que producen los sainos, una especie de jabalí pequeñito que tiene bastante mala leche.

Orlando pertence a la asociación de guías de río san juan, y les han dado formación específica, y materiales de apoyo(libros, guías, fichas de flora y fauna) por el proyecto AECI dentro del Araucaria. Pero aun no puede vivir solo del turismo (aunque va aumentando los ingresos poco a poco por este concepto). También produce yuca, café, banano,etc. en sus terrenos.

Volvimos a El Castillo aun con tiempo para acercarnos a la fortaleza y echar una ojeada desde allí, y a los paneles explicativos de la historia de conquista española, ataques piratas que pasaban por río san juan hasta el lago nicaragua para atacar Granada y chicas jóvenes tipo María Pita disparándoles cañonazos y ahuyentándolos, la ruta de los buscadores de oro a california, que preferían venir por ahí que atravesar la peligrosa llanura americana, embarcando después de nuevo en San Juan del sur hacia USA. De esa época debe venir el aspecto de muchos de los pueblos y ciudades que recuerdan al oeste... Como las tiendas, PULPERÍAS (no sé si lo dije, pero para considerarse un asentamiento como pueblo debía tener iglesia, comisaría y tienda, y en la tienda se debía vender de todo, con lo que el dueño debía tener contactos con muchos tipos de proveedores, con tentáculos como un pulpo, y de ahí viene el nombre...).

Ya de vuelta, decidimos no quedarnos a dormir en San Carlos, sino avanzar camino hasta Juigalpa y dormir allí (también dormí la siesta en el barco de vuelta a San Carlos, vaya sensación...) . Por la "carretera" desde San Carlos recogimos a una familia en la cuba, la parte trasera de la ranchera (pobres, no sabían que el conductor era un chele inexperto, y ya se sabe, "chele no capea hoyos..."). Ahorramos más de una hora respecto a la ida (lo que hace la experiencia ;-DD). De todas formas llegamos a Juigalpa ya de noche, y aunque los que atendían estaban deseando irse de vacaciones el sitio no era malo del todo (La Quinta, al lado de la carretera).

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