13 abr. 2006

DE JUIGALPA A GRANADA


Desayunamos en un comedorcillo en la plaza central de Juigalpa, y luego fuimos al zoologico (el mejor de Nicaragua, según dicen, que todo el mundo decía que iba a estar cerrado pero estaba abierto...). Mi consejo es que en Nicaragua se dediquen a la conservación "in situ", que tienen zonas de sobra para ello. Patético (casi tanto como una exposición con animales itinerante que recuerdo de ir a ver hace unos años en Orense y que me deprimió muchísimo). Los únicos felices eran los zopilotes (como un cruce entre buitre y cuervo), que tenían una jaula sin techo y entraban y salían a voluntad. Pero los pumas (la hembra preñada), el jaguar, el ocelote, el tigrillo (los dos últimos no son peligrosos, se escapan del hombre, los dos primeros depende de como los pilles...) y sobre todo el chimpancé eran un espectáculo lamentable (casi entiendo a estos que defienden ahora lo de los "derechos humanos para los primates"... Al menos los árboles que había tenían también el nombre común y el científico puesto...

Ya ni fuimos al museo arqueológico, que al parecer es bastante bueno. Tiramos hacia Granada, nos metimos por un desvío al pasar Tipitapa hacia Masaya para no atravesar Managua, y nos acercamos hasta el parque nacional del Volcán Masaya.

Realmente, merece la pena. Se paga una entradilla (como casi todo en Nica, pero no suele superar los 2-3 euros), y aquí también se veía alguna capacitación al personal. En información contratamos una ruta de una hora a la cueva de los murciélagos (había otras rutas, por ejemplo una vuelta por el sendero coyotes, de bosque tropical seco). Subimos entonces hasta el cráter de Santiago, que humea y huele a azufre que tira patrás (lo veis en la foto). Recomiendan no andar por allí más de 20 minutos seguidos. Mientras esperábamos por el guía subimos al crater del Masaya (San Fernando). En realidad son dos volcanes cada uno con varios cráteres. El de Santiago es el más activo (hay pajarracos que se refugian en él, los científicos no se explican como no palman con los vapores sulfurosos).

Al fin llegó nuestro guia, Eric, un figura. Está dando clase de baile folklórico en comunidades de Masaya, y de prácticas de guía trabaja gratis los sábados y domingos en el parque nacional. Bajamos con él hasta la cueva, solo se enseña una o dos de las 23 existentes. Los murciélagos andan por allí trankilamente (a uno que está colgado del techo posando coquetonamente para los turistas le llaman "Top Model", ver foto). Nos explicó también cosas de como el baile folklórico se está degenerando para espectáculos turísticos, el real se baila en la calle (creo que pasa lo mismo con todo el folklore: flamenco, fados, e incluso gaiteiros). Este chico parecía muy ilusionado con tirar palante de lo nica y de Nicaragua. Eso sí, no se molestó en ocultar su alegría de que acabara su sexta ruta del día y poder ir a casa con su familia a pasar el fin de semana de semana santa (no me acabo de acostumbrar a que todo hombre de más de 25 años y toda mujer de más de 20 estén casados y con hijos...). Me quedo con la sensación tremenda cuando en la cueva apagamos las luces y nos quedamos en silencio (el silencio casi hacía daño, a unos 20 metros de profundidad...).

Y arrancamos para Granada (al final volvimos...), donde tras aparcar en La Calzada, una calle importante, nos la recorrimos preguntando en hoteles y hostales, que estaban a tope, hasta que encontramos uno que nos adecuaba una habitación con tres camas, la Casa Sanmartín. Era una casa colonial arreglada, realmente preciosa, con una terracita entre los tejados con flores y una mesa ideal para leer o escribir...

Cenamos allí cerca (tras intentar encontrar un lugar decente en el paseo del lago, nos pareció chunga la zona y subimos al centro otra vez en taxi), nos tomamos un flor de caña en frente de la Casa de los Tres Mundos o de Los Leones, y luego...cogimos un tren turístico de esos horteras tirado por un tractor que hacía una rutilla nocturna por granada con música a todo trapo, un final de día muy surrealista ;-D

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